Desde hace algunos años, las patologías del dormir se han convertido en una verdadera epidemia de escala mundial (con una prevalencia del 38-40%), razón por cual, hoy día, los trastornos del sueño son considerados uno de los problemas de salud pública más relevantes.
Este fenómeno global, cada vez más extendido, es consecuencia del advenimiento de la luz eléctrica y de los estilos de vida contemporáneos. Por un lado, la extensión de la luz eléctrica permitió que se determinara la duración y hora de inicio del sueño, permitiendo alargar o combinar jornadas laborales, estudiar de noche, realizar actividades de entretenimiento, etc. Y, por otro lado, el modo de vida moderno y esta nueva cultura de las “24 horas del día, los 7 días de la semana”, lleva a que el mundo permanezca alerta y despierto durante más tiempo. Y, en este sentido, lejos de comprender que dormir bien es ganar en salud, la sociedad cree equivocadamente que el tiempo dedicado a dormir es prescindible.
El modo de vida contemporáneo con sus hiperexigencias, su ritmo acelerado, sus altas presiones, sus extensas jornadas laborales, los horarios de trabajo nocturno, el multiempleo; conjuntamente al extenso abanico de entretenimientos que ofrece y al continuo bombardeo de estímulos, expone a los individuos a reacciones de estrés crónico que también modifican rotundamente los hábitos de vida saludables.
De este modo, el hombre moderno paga con el sueño las consecuencias de su estilo de vida. En el intento de adaptarse a estas nuevas pautas que la sociedad le impone, resulta honda y gravemente afectado a nivel físico y psíquico, dado que todos estos cambios propician la aparición de trastornos del sueño, al generar profundas alteraciones sobre los ritmos biológicos y sobre la calidad y cantidad de sueño.